CHICAGO -- ¿Habrá un mejor bateador en el planeta que el cubano José Abreu?

Eso fue lo que muchos se preguntaron hace varios años, cuando el inicialista de los Medias Blancas tuvo una impresionante producción por el equipo de Cienfuegos en la Serie Nacional de Cuba, y lo que podríamos preguntarnos en agosto y septiembre. Abreu ha bateado como si su meta fuese unirse al venezolano Miguel Cabrera y Mike Trout en los próximos debates por el Jugador Más Valioso de la Liga Americana.

Así lo demostró el viernes en el primer juego de la serie de Chicago contra Tampa Bay.

El cañonero pegó un jonrón con casa llena -- su segundo bambinazo del partido -- ante una recta del cerrador Gran Balfour para dejar tendidos a los Rays. Con esto Abreu ahora tiene tres encuentros con al menos dos jonrones, en un total de 26 partidos en Grandes Ligas.

Había pasado mucho tiempo sin una celebración tan fuerte por un cuadrangular en el U.S. Cellular Field. En entrevistas después del juego, Abreu se notó calmado, simplemente señalando que fue "maravilloso" dar la cara de esa manera con el juego de por medio. Pero su felicidad se notó mientras corría las bases y cuando tiró su casco antes de ser recibido por sus compañeros en el plato.

El domingo, en la victoria de los Medias Blancas sobre los Rays por 9-2, Abreu remolcó cuatro carreras para establecer un récord de impulsadas de un novato en el mes de abril. El cañonero cubano sacudió un jonrón de dos carreras en el sexto inning y produjo dos más en el séptimo, para llegar a 31 remolcadas. Albert Pujols era el dueño del récord anterior con 27 en 2001. El jonrón del domingo fue su 10mo en la campaña, ensanchando su propio récord de más jonrones de un novato en abril. Abreu ha sido todo un profesional desde que vistió el uniforme de los Patipálidos en unas prácticas en enero, y sus nuevos compañeros le han dado la bienvenida. Están contentos por él y, como dijo el dominicano Alejandro de Aza, también contentos de que Abreu esté en su equipo y no en otro.

Pese a un bache de 26-1 que obligó al piloto de los Medias Blancas, Robin Ventura, a darle un día de descanso, el toletero tiene promedio de .263 con nueve cuadrangulares y 27 empujadas. Antes de la acción del lunes, ocupaba el primer lugar de la Liga Americana en jonrones (10) y en impulsadas (31).

Públicamente, Chicago le restó importancia a las expectativas inmediatas sobre Abreu durante los entrenamientos primaverales, al decir que estaban conscientes de que al primera base le esperaba una gran transición y que pasaría por altibajos. Pero el equipo también creyó que su bate revitalizaría una alineación que fue última del Joven Circuito en carreras anotadas en el 2013.

"José ha sido todo lo que anticipábamos", expresó el gerente general Rick Hahn. "Ya vieron que habíamos indicado que tenía que hacer algunos ajustes después de una mala racha de 20 turnos al bate. Pudo responder e hizo esos ajustes. Posiblemente eso suceda en el transcurso de una temporada de seis meses. Pero en su mentalidad como profesional -- el poder, la seriedad con que toma su trabajo -- ha sido todo lo que esperábamos, desde el primer día que se integró al equipo".

El grand slam decisivo de Abreu fue una noche antes de que los Medias Blancas le obsequiaran a los aficionados estatuas miniaturas del también cubano Orestes "Minnie" Miñoso. Abreu firmó con Chicago por seis años y US$68 millones en parte por la gran historia de jugadores cubanos en el club, y su llegada ha llenado de energía a sus compatriotas Alexei Ramírez y Dayán Viciedo. Ambos se encuentran entre los líderes en promedio de la Liga Americana -- algo que nadie pudo haber pronosticado.

Hasta cinco equipos hicieron ofertas por encima de los US$60 millones para tratar de adquirir a Abreu, siendo los Medias Rojas, Astros, Cerveceros y Rockies los más perseverantes en un rápido proceso que se realizó en octubre. Los Medias Blancas vieron al cubano como un pelotero capaz de marcar la diferencia después de una campaña en Chicago sufrió 99 derrotas, llevando a cabo una de las maniobras más inteligentes en ese momento.

Otra cosa. Los Medias Blancas lucen peligrosos.

Los del sur de Chicago tuvieron marca de 2-17 contra los Indios el año pasado, pero este año han revertido esa tendencia al ganar tres de sus primeros cuatro juegos ante Cleveland. Los Patipálidos ya dividieron este año una serie de cuatro partidos en Detroit y están ansiosos por enfrentar a los felinos esta semana en el U.S. Cellular - aun con Chris Sale fuera temporalmente por lesión, y el jardinero venezolano Avisaíl García - otra gran promesa - fuera por el resto de la temporada tras una cirugía en el hombro izquierdo.

A menudo jugando en un clima hostil para los bateadores, los Medias Blancas están promediando 5.6 carreras por juego. Sólo los Angelinos tienen una mejor marca en ese departamento, y comparando lo que Anaheim ha gastado en Pujols, Trout y Josh Hamilton, los Medias Blancas obtuvieron a Abreu a precio de ganga, lo que facilitará la tarea de tratar de adquirir más refuerzos el próximo invierno -- si no lo hacen a mediados de campaña.

El manager de los Mellizos, Ron Gardenhire, vio la forma en que la bola salta del bate de Abreu en el Día Inaugural y decidió darle base por bolas intencional en par de ocasiones en su segundo juego de Grandes Ligas.

El compatriota de Abreu, Yasiel Puig, tuvo un primer mes para el recuerdo tras batear para .436 con siete vuelacercas y 16 remolques por los Dodgers en junio pasado. Abreu no ha acaparado tanto la atención como Puig, quien alguna vez bateara delante de él en el lineup de Cienfuegos. Pero cuando uno observa a Abreu, la percepción es que el toletero puede mantener su gran arranque de temporada con el madero, al menos si los pitchers siguen retándolo como hasta ahora.

Parece una tontería comparar a cualquier pelotero con Cabrera, quien de hecho mejoró sus números ofensivos el año pasado luego de ganar la Triple Corona de bateo en el 2012. Pero después de lo que Abreu ha sido capaz de hacer en abril, es difícil ignorar que se trata de un bateador con atributos similares a los del astro de Detroit.

Abreu combina fortaleza nata con una tremenda velocidad de su bate. Puede conectar la bola con autoridad hacia el jardín derecho tan fácil como halarla hacia el izquierdo. Le da con la parte gruesa del bate a la mayoría de los lanzamientos y está dispuesto a recibir bases por bolas.

Una diferencia entre Abreu y Cabrera es que el cubano luce como un bateador que se poncharía 100 o más veces en una campaña, mientras que el venezolano no ha registrado esa cifra desde el 2009. Abreu podría no ser un bateador de .300, aunque sus llamativos números en el béisbol cubano (.453 con 33 jonrones en 66 juegos en el 2011, por ejemplo) nos hacen pensar que no debemos descartar esa posibilidad.

El cielo es el límite para este cienfueguero, como aprendieron los Rays de la manera más difícil.